viernes, 23 de septiembre de 2011

Las cosas que tiene este mundito... Que todavía hay que jugar a las escondidas...

¿Sabían? Pues sí
Por Juan Gelman

Una unidad de espionaje de EE.UU., la División de Amenazas Asimétricas del Comando Conjunto de Fuerzas de Inteligencia (JFIC, por sus siglas en inglés), detectó antes del 11/9 la posibilidad de que Al Qaida atacara las Torres Gemelas y el edificio del Pentágono. La información fue desechada y casi 3000 civiles perdieron la vida en un atentado terrorista que, por alguna razón, no se pudo o no se quiso evitar.
En general se ha hablado de las fallas de la CIA y del FBI en esta materia. Pero el sitio independiente Truthout dio a conocer documentos del Organismo de Inteligencia de Defensa filtrados por un ex miembro de aquella División, conocida por el acrónimo DO5, que algo de luz arrojan sobre un tema que ninguna comisión investigadora supo escrutar a fondo. La documentación fue acercada y comentada por Iron Man, alias o seudónimo o nombre de guerra de quien fuera jefe de esa unidad desde fines del 2000 hasta junio del 2001. “Hombre de hierro” eligió guardar el anonimato para proteger a su familia de posibles represalias. Las revelaciones no son de poca monta.
La DO5 fue creada en 1999 y su tarea consistió en descubrir la existencia de planes terroristas preparados en el exterior o localmente que podrían llevarse a cabo en territorio estadounidense. Era una rama del JFIC y, en ese marco, prestó una atención muy prolija a Osama bin Laden y acólitos que radicaban entonces en Afganistán. Presentó “numerosos informes en los que se determinaban los probables y posibles movimientos de Usama bin Ladin (sic) y Mullah Omar”, incluida “la verosímil identificación de la casa en la que Khalid Sheikh Mohammed presuntamente había planeado los ataques”, y reunió información que apuntaba a la viabilidad de que Al Qaida intentara un golpe contra las Torres, el edificio del Pentágono y aun otros objetivos (www.truth-out.org, 13/6/11).
Entre fines del 2000 y junio del 2001, altos jefes del Pentágono se reunieron para evaluar los datos aportados por la DO5. Iron Man registra que se llegó a sugerir que se advirtiera al personal de seguridad y a la plana de ingenieros del World Trade Center del eventual ataque, pero la idea se desechó por “la renuencia de los mandos a contactar a la comunidad civil”. Curiosa omisión. “En otras palabras: la administración Bush tenía pleno conocimiento, antes del 11/9, de que la organización terrorista se había fijado esos objetivos y, aparentemente, los funcionarios del gobierno no actuaron en función de tales advertencias.” El por qué fue así es todavía habitante de la oscuridad.
Iron Man y los agentes de la DO5 y del JFIC “estaban cerca de capturar a Bin Laden”, pero el vicealmirante Martin J. Meyer, subjefe del Comando Conjunto de las Fuerzas de EE.UU. que asistía a esas reuniones de evaluación, manifestó al mayor general Larry Arnold y demás colegas que “su preocupación por Osama bin Laden como una posible amenaza para EE.UU. era infundada”. Lo dijo dos semanas antes del 11/9 y parece que se equivocaba. Mayer pasó a retiro en 2003 y fue contratado inmediatamente por la Lockheed Martin, una de las megaempresas que más lucran con las guerras de Irak y Afganistán merced a los contratos del Pentágono (www.lockheedmartin.com, 8/4/03).
Uno de los documentos cuya desclasificación logró Iron Man es un informe del inspector general del Ministerio de Defensa fechado el 23 de septiembre de 2008, en el que se señala que la jefa del JFIC, identificada más adelante como capitana Janice Dundas, había ordenado que cesara el seguimiento de Bin Laden “porque no era de competencia de la misión del JFIC”. Con un argumento parecido se cortó el examen de los “campos terroristas de entrenamiento” en Afganistán: “Esas cuestiones no se encuentran en la línea de natación del JFIC”. (www.scribd.com/doc/28486103/FOIA-Review-of-Joint-Forces-Response-9115-310). ¿Tendría la capitana, con una graduación relativamente menor en cualquier fuerza armada, tanto poder como para tomar por su exclusiva cuenta decisiones de semejante importancia? ¿O las órdenes venían de arriba, de muy arriba?
Las revelaciones de Iron Man exhiben que la información fue ocultada a la Comisión Nacional sobre los ataques terroristas en EE.UU., establecida por una ley del Congreso el 27 de noviembre del 2002 –más de un año después de los atentados– con la misión de conocer las circunstancias que los rodearon, así como el estado de preparación y la respuesta a los ataques. La integraban cinco legisladores republicanos y cinco demócratas.
Los apéndices del informe del inspector general del Pentágono muestran que se introdujeron cambios significativos en las respuestas que los analistas del JFIC proporcionaron a los investigadores del Congreso sobre su trabajo de Inteligencia en torno de Bin Laden, Al Qaida y los talibán (www.truth out. org, 23-5-11). Una capa de silencio más.
W. Bush participó, desde luego, en la ceremonia del décimo aniversario del 11/9. Se lo ve en la foto muy serio y compungido. Tal vez Dios le dictaba algo en ese instante. Porque a él, Dios le habla, según dijo.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Un artículo de Claudio Magris sobre las Madres de la Plaza de Mayo...

ELOGIO DE LA LOCURA: PLAZA DE MAYO
Claudio Magris

Erasmo de Rótterdam, sin duda, incluiría a las madres argentinas de la Plaza de Mayo en su Elogio de la locura y no sólo porque, cuando comenzaron su increíble e indomable lucha por sus hijos y por las treinta mil personas desaparecidas durante la dictadura militar, las llamaran «las locas». Humanista racional, Erasmo celebraba no ya las oscuras pulsiones irracionales o los delirios totalitarios de las ideas absolutas, sino la auténtica razón, es decir, la plenitud de la comprensión, que incluye los conceptos así como los sentimientos y las pasiones.
Esta razón se opone tanto a la irracionalidad visceral como a los mezquinos cálculos falsamente realistas, que consideran inmutable la realidad del momento y se pliegan a ella. La verdadera razón, que no cede a las cosas, es siempre «locura» -como el cristianismo para San Pablo- a los ojos de los que se inclinan ante el mal por consideración inevitable; por ejemplo, a los ojos de las pretensiones realistas que, en septiembre o en octubre de 1989, opinaban que el Muro de Berlín debía seguir allí durante muchos años. Las madres de la Plaza de Mayo constituyen un ejemplo de extraordinaria valentía, humanidad y libertad, y también de magnífico y racional realismo político, como lo documenta el excelente libro de Daniela Padoan y otros testimonios de sus vicisitudes. El ejemplo de una «locura» que es clara, intrépida y amorosa inteligencia de las cosas, puesta al servicio del universal humano.
Después del golpe del 24 de marzo de 1976, que instauró la dictadura militar en Argentina, desaparecieron miles de opositores verdaderos y presuntos, a veces con los abogados que les asistían, en una orgía de criminalidad y con eclipse total de las garantías del derecho, que alcanzó incluso a personas inicialmente no contrarias a un gobierno autoritario. La historia de aquella infamia, de las torturas, de las ejecuciones, de la complicidad con los cómitres se conocía y Giangiacomo Foà informó entonces, con particular fuerza, en el Corriere. No había elección. El secretario de Estado americano, Kissinger, insta a la Junta a «llevar a término el trabajo rápidamente» y no se preocupa por los derechos humanos «citados fuera de contexto». La Iglesia, como tan a menudo en situaciones semejantes, muestra dos caras: la indignamente neutral o complaciente de una parte de la jerarquía –incluido el Nuncio Apostólico monseñor Laghi- y de ciertos capellanes, más benévolos con los torturadores que con los torturados; y la cara de la imperturbable caridad cristiana de otros sacerdotes, entre los que podemos citar a los padres Longueville y Murias, a los obispos Angelelli o Ponce de León, víctimas de la desaforada violencia contra los que habían levantado su voz, como monseñor Romero o los seis jesuitas en San Salvador, tal vez ahora olvidados en las beatificaciones eclesiásticas, pero –como la judía enterrada en el cuento de hadas de Andersen- seguro que no olvidados por Dios.
Todo esto es historia, conocida aunque oculta o relegada. La resistencia de las madres no nace como un movimiento político, sino de una universalidad humana elemental; son mujeres de diferente extracción social, de clase modesta en su mayoría, crecidas y formadas en los valores tradicionales de la familia, en el respeto de la autoridad y en el deseo de un orden social normal que permita una vida cotidiana normal. Cuando empiezan a desaparecer sus hijos, en una ausencia y en una incertidumbre más angustiosa que la muerte, su amor materno no se doblega y no se resigna; no se limitan a las lágrimas, sino que sacan sus garras y comienzan su investigación, su lucha indomable. Como Antífona, se rebelan contra la ley injusta (o más bien, contra la anarquía salvaje, ya que cualquier tiranía violenta es caos y desorden), que niega los valores humanos fundamentales.
En los testimonios –y, más aún, en la práctica- de estas mujeres, la maternidad no se queda en el desgarro visceral, en el duelo privado. Estas mujeres descubren que su tragedia personal es una pieza de una tragedia colectiva criminal; que no se trata sólo del hijo de una o de otra, sino de miles de personas que hicieron desaparecer delictivamente. El sentimiento maternal inmediato se universaliza, se convierte en claro concepto de la responsabilidad más general. Cada desaparecido se convierte en el propio hijo y cada víctima es en realidad el hermano de todos, porque se trata de nuestro destino común y pobre del que, prisionero de una obtusa aridez o de una confusa mezcolanza sentimental, no se dé cuenta de ello y no se dé cuenta, por tanto de que se labra su propia ruina. Cuando se ha llevado un niño en el vientre –dice una de las madres, Hebe de Bonafini-, se lleva para siempre. Estas mujeres no se rinden ante la muerte, desmontan su falsa aureola de poder invencible; sus hijos –repiten- están vivos, siguen formando parte de la historia del mundo, y esos treinta mil desaparecidos son todos hijos de cada una de ellas.
Como Antífona, también ellas llegan espontáneamente a la acción política desde la universalidad de los valores y de los sentimientos humanos violados por la política, por la perversión de la polis, de la vida común. Y desarrollan un trabajo político de increíble lucidez, concreción y eficacia, que no sugiere ningún patético exceso de amor materno, sino, más bien, la lógica de Clausewitz o la astucia de los héroes brechtianos. A cada movimiento de represión responden con una táctica flexible e inventiva; si la policía les prohíbe reunirse, obedecen la orden de circular iniciando su legendaria marcha; si les apuntan con fusiles, gritan alegremente a coro ¡«Fuego»! Eluden la censura con una genial estratagema pacífica y difícil de controlar: difunden en el país, ignorante de los crímenes del régimen, escribiendo la información en los billetes de banco que circulan por todas partes o en hojas metidas en los misales, o intercalándola, en reuniones de masa, en las oraciones en voz alta que nadie se atreve a interrumpir; atemorizan a los asesinos y sus cómplices con sus denuncias públicas, corales.
Después de las madres de la Plaza de Mayo es imposible repetir las patrañas sobre las mujeres quizá más capaces de pasión y sentimientos que los hombres, pero menos dotadas de lógica o menos inclinadas a la universalidad de los conceptos: su acción política revela una extraordinaria racionalidad, una clara visión general capaz de traducirse en una correcta praxis, mientras que, en este caso, son a menudos los hombres –los padres, los maridos- los que se muestran temerosos, rehenes de los acontecimientos, prisiones de estados de ánimo impuestos y más preparados para inflamarse en los mundiales de fútbol que para inventar formas creativas y racionales de lucha por sus hijos. Antífona no sólo ama, también razona mejor que Creonte.
En los momentos más dramáticos de su protesta, pocos escucharon a las madres; incluso Juan Pablo II, cuya devoción a María debería haberle abierto los ojos, las recibió con una sequedad que no se cuenta entre los mejores momentos de la vida del Papa. Uno de los pocos que se mostró realmente sensible, además del cónsul italiano Enrico Calamar, fue Pertini, quien, entre otras cosas, sorprendió a los generales diciéndoles que mentían –y no podían evitarlo- pero que, en el fondo de sus corazones, habrían preferido defender su honor de soldados en el campo de batalla a ensañarse con adversarios indefensos, privándoles por tanto de cualquier posibilidad de responder, ya que no podían admitir que mentían o que preferían torturar a los indefensos que los riesgos de la batalla.
Las madres son ya abuelas, muchas de ellas valerosas nonagenarias; marchan todos los jueves, como entonces, pero, libres de cualquier espíritu de venganza, no miran al pasado sino a la vida, adoptan todo tipo de iniciativas y responden a las necesidades de hoy, se actualizan tecnológicamente y rechazan toda ideología populista e indigenista y todo confuso tercermundismo; se apartan de cualquier visceralidad, como confirma su crítica al proyecto de quitar algunos huérfanos de víctimas del régimen a los padres adoptivos, a los que habían sido confiados sin saberlo. Viven con amistad y alegría y, si la edad poco a poco las jubila, han dejado su huella para siempre.
Es cierto que, como está escrito en el Evangelio, quien está ansioso por salvar su vida la pierde y quien está dispuesto a perderla la salva, y salvar el alma salva también la vitalidad. Siempre necesitaremos a estas madres, abuelas, hijas, novias, porque, dice un verso de Brecha, aún es fecundo el vientre del que nació la bestia inmunda.

Corriere della Sera
26 de enero de 2006

Una epístola de Filóstrato y las versiones de Aldo Oliva

A Nicete

No (es) una enfermedad el amar sino el no amar.
Pues si amar (proviene de) ver, (son) ciegos los que no aman.

A Nicete

No es el amar una enfermedad, sino el no amar.
Ciegos son los que no aman,
ya que amar del ver deviene.

Versión poética de Aldo Oliva

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Del coloso Magris... Una perlita...

Tal vez Salgari, con sus hipérboles, que ya entonces nos hacían sonreír, y sus zafiros grandes como avellanas, nos enseñara a mis amigos y a mí que se puede sonreír y reír de lo que se ama, pero sin la burla altanera que destruye el amor, sino con esa risueña y afectuosa participación que lo intensifica

Claudio Magris. en Libros de lectura, en Alfabetos. Trad.: Pilar González Rodríguez. p.10. Anagrama, Barcelona 2010.
El remarcado es mío. HL.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Una verdad

Sin él (el Diablo), nos habríamos muerto de pura monotonía.
    Michelet

El Olímpico era un fenómeno para estas joyitas...

Un día, oyó relatar en una reunión un proceso criminal que se instruía y en el que iba a dictarse sentencia en breve. Un hombre miserable, obsesionado por el amor a una mujer y al hijo que de ella tenía, y falto de todo recurso, había fabricado moneda falsa. En aquella época, este delito se castigaba aún con la pena de muerte. La mujer había sido detenida cuando intentaba poner en circulación la primera pieza falsa fabricada por el hombre. La tenían en prisión, pero no existían pruebas más que contra ella. Sólo la mujer podía declarar contra su amante y perderlo. Negó. Continuaron interrogándola. Se obstinó en negar. Entonces, el fiscal tuvo una idea: inventar la infidelidad del amante. Lo consiguió con fragmentos de cartas astutamente combinados, y persuadió a la desgraciada mujer de que tenía una rival y de que aquel hombre la engañaba. Entonces, exasperada por los celos, la detenida denunció al amante, lo confesó todo y todo lo probó. El hombre estaba perdido y muy pronto sería juzgado en Aix, junto con su cómplice. Relataban el hecho, y todos quedaban deslumbrados por la habilidad del fiscal. Al poner en juego los celos, había hecho saltar la verdad por medio de la cólera, y había hecho justicia con la venganza. El obispo escuchaba todo aquello en silencio. Cuando hubo terminado el relato, preguntó:
-¿Dónde juzgarán a ese hombre y a esa mujer?
-En el tribunal de la Audiencia –le respondieron.
Y él replicó:
-¿Y dónde juzgarán al fiscal?
            Victor Hugo
            Los miserables 
            El personaje aludido es monseñor Charles-François-Bienvenu Myriel,                  
            obispo de Digne.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Tal vez los más caros amantes de la literatura... Me parece... ¿Quién no quiere ser Paolo?... ¿Quién no quiere ser Francesca?...

INFERNO, V, 129

Dejan caer el libro, porque ya saben
que son las personas del libro.
(Lo serán de otro, el máximo,
pero eso qué puede importarles.)
Ahora son Paolo y Francesca,
no dos amigos que comparten
el sabor de una fábula.
Se miran con incrédula maravilla.
Las manos no se tocan.
Han descubierto el único tesoro;
han encontrado al otro.
No traicionan a Malatesta,
porque la traición requiere un tercero
y sólo existen ellos dos en el mundo.
Son Paolo y Francesca
y también la reina y su amante
y todos los amantes que han sido
desde aquel Adán y su Eva
en el pasto del Paraíso.
Un libro, un sueño les revela
que son formas de un sueño que fue soñado
en tierras de Bretaña.
Otro libro hará que los hombres,
sueños también, los sueñen.

             Jorge Luis Borges